Tarjetear para llegar a fin de mes
El uso de la tarjeta de crédito atraviesa un cambio profundo que refleja el delicado escenario económico. Lo que durante años funcionó como una herramienta para financiar compras importantes y mejorar el acceso a bienes durables, hoy se transformó en un recurso defensivo para cubrir gastos cotidianos cuando el ingreso mensual no alcanza.
Según un informe de la consultora D’Alessio IROL, el 90,7% de las operaciones con tarjeta se realiza en un solo pago. El dato marca un quiebre en el patrón histórico de consumo: la tarjeta ya no se usa para pagar en cuotas, sino para diferir el desembolso unos días y ganar aire financiero entre un sueldo y el siguiente.
Este nuevo comportamiento está directamente vinculado a la pérdida de poder adquisitivo. En la práctica, el crédito dejó de ampliar el consumo y pasó a administrar urgencias, desde alimentos y transporte hasta servicios básicos. La tarjeta funciona como un puente corto que permite sostener el mes, pero sin margen para planificar a largo plazo.
El informe también advierte un aumento de la fragilidad financiera. La morosidad en el financiamiento con tarjeta alcanzó el 8%, una señal de que el ajuste redujo al mínimo la capacidad de error. No se trata de un abandono generalizado de las deudas, sino de un esquema en el que cualquier imprevisto puede desestabilizar el equilibrio familiar.
El endeudamiento atraviesa a toda la clase media, con un impacto particular en el segmento de 35 a 45 años, donde se concentran los mayores gastos del hogar. En ese contexto, dos de cada diez personas destinan hasta el 75% de sus ingresos al pago de deudas, lo que restringe el consumo, elimina el ahorro y aumenta la vulnerabilidad.
Al mismo tiempo, cambian los hábitos de compra y los medios de pago. El 81% de los argentinos reconoce haber modificado su forma de consumir, con más planificación y búsqueda de promociones. La diversificación también es clave: la mayoría utiliza varias opciones de pago y decide cada compra según la conveniencia inmediata. La tarjeta de crédito ya no impulsa el consumo: hoy ayuda, apenas, a sostenerlo.

